Origen
Bandera de la Paz
“En bellísimos símbolos descriptivos, el viejo viajero contará a la respetuosa audiencia cómo desde tiempos inmemoriales, desde algún otro mundo, cayó una piedra milagrosa: la Chintamani de los hindúes y la Norbu-Rimponche de los tibetanos y mongoles. Ahora, desde aquellos tiempos, una parte de la piedra está recorriendo la Tierra, manifestando el nuevo tiempo y los mayores acontecimientos mundiales…”
Nicholas Roerich
1 Bandera
Permanente en Capilla del Monte, Córdoba
1 Bandera
Permanente en Bariloche, Río Negro
Origen
El logo de la Bandera de la Paz son tres esferas de color magenta formando un triángulo con el vértice hacia arriba, situadas dentro de un círculo del mismo color sobre fondo blanco. Con el tiempo, este símbolo se hizo ampliamente conocido en todo el mundo como sinónimo de cultura de paz, siendo adoptado por infinidad de prestigiosas instituciones y organizaciones altruistas. Se le suele dar distintos significados. Entre ellos, “la unión armónica del Arte, la Ciencia y la Espiritualidad”; o “el balance correcto entre lo que uno siente, piensa y realiza”. Diversas ONGs que promueven estos valiosos mensajes suelen entregar la Bandera de la Paz en actos públicos a determinadas instituciones como un reconocimiento a su labor comprometida con la paz; incluso a personas, nombrándolas, simbólicamente, “mensajeros o embajadores de paz”. Pero hay que aclarar que la designación oficial de un “embajador de paz” solo lo entrega las Naciones Unidas. Más información aquí:

Muchos ignoran —incluso algunos funcionarios de importantes ONGs que promueven el mensaje de la Bandera de la Paz— que el símbolo que difundió el matrimonio Roerich es muy antiguo, remontándose a miles de años atrás. En la India se le conoce como Chintamani, “La joya del pensamiento profundo” (Chinta: pensamiento profundo. Mani: joya preciosa). Según la milenaria creencia, el nombre alude a una piedra de poder que “otorga la felicidad a través de la paz” o que “amplifica la capacidad de co-crear realidades positivas”. No en vano, en la cultura tibetana se afirma que este símbolo “disuelve la oscuridad”. De hecho, el actual Dalai Lama —quien es miembro honorario del Comité Internacional de la Bandera de la Paz—, ha expresado su profundo respeto a este signo de poder.
Tal vez Roerich quiso honrar a los Mahatmas que habría conocido en Asia Central representando la mítica piedra de Chintamani (el círculo) y a sus tres fragmentos que recorren el mundo en tiempos de crisis (los tres círculos encarnados) en el diseño de la Bandera de la Paz. O, quizá, como aseguraron nuestras fuentes en Rusia, fue un “encargo” de los Mahatmas, ya que ese símbolo no sería otra cosa que el santo emblema de Shambhala (que en sánscrito significa “lugar de paz”, “lugar de silencio”).
Esta información también nos fue confirmada por el recordado Daniel Entin, quien fuera Director del Museo Roerich de Nueva York. Pero, ¿de dónde surgió la piedra de Chintamani de acuerdo a la leyenda de los monjes orientales?

González Corpancho con Daniel Entin en el Museo Roerich de Nueva York.
El secreto de Chintamani
De acuerdo a la leyenda, el caballo blanco de los vientos, Lung-Tah, llegó a la Tierra desde la constelación de Orión trayendo sobre su lomo a la piedra luminosa de Chintamani. Ese “Agni” o fuego cósmico será emplazado en la gran torre de Shambhala en el instante mismo de su fundación. Aquel reino de sabios seres, que muchos orientalistas han intentado localizar en el norte de la India, la meseta del Tíbet o el desierto de Gobi en Mongolia, ha sido una poderosa fuente de inspiración para el misticismo. Hemos recorrido esos remotos lugares del mundo y podemos afirmar que la leyenda del caballo blanco y el “regalo de Orión” no es una quimera. De hecho, sigue viva.Resulta muy revelador que ese fuego cósmico de Chintamani haya sido pintado por Roerich en más de un cuadro, aludiendo, inclusive, a su lugar de origen: la constelación de Orión.

Lung-Tah pintado por Roerich en 1933.

González Corpancho en el desierto de Gobi, 2016.
Burning the darkness (“quemando la oscuridad”), fue pintado por Roerich en 1924. En este lienzo representa a los Mahatmas portando en un cofre la mítica piedra de Chintamani. En el cielo, el pintor ruso, y no por causalidad, colocó a la constelación de Orión.
En 1928, el Lama Talai‑Pho‑Brang le preguntaba a Roerich si en occidente se sabía algo en relación a esa “gran piedra”. Incluso le preguntó si sabían de qué planeta vino y quién poseía ese tesoro. No menos inquietante es que aquel objeto de origen celeste recuerda la versión medieval del Santo Grial —en la obra “Parsifal” se le describe como una esmeralda que cae del cielo—, la “Diosa Umiña” de los incas —otra esmeralda sobrenatural que, según la cosmovisión andina, podía curar a la gente—, o las mismísimas piedras benben que habrían coronado las puntas de las pirámides de Gizeh y que, según algunas revolucionarias investigaciones, apuntan al cinturón de Orión. ¿Por qué algunas organizaciones omiten esta información? Consideramos importante analizar la historia completa de la Bandera de la Paz y valorar su profundo significado transformador.
En su libro, “Shambhala”, Roerich escribió:
“En bellísimos símbolos descriptivos, el viejo viajero contará a la respetuosa audiencia cómo desde tiempos inmemoriales, desde algún otro mundo, cayó una piedra milagrosa: la Chintamani de los hindúes y la Norbu-Rimponche de los tibetanos y mongoles. Ahora, desde aquellos tiempos, una parte de la piedra está recorriendo la Tierra, manifestando el nuevo tiempo y los mayores acontecimientos mundiales…”
(“Shambhala”, Capítulo: “Luz en el desierto”).
Helena Roerich también se refirió a la piedra:
“…me agradó mucho al ver tu sutil entendimiento sobre la leyenda del Tesoro del Mundo. Por supuesto, toda señal tiene muchos significados. Este Tesoro es un fragmento del cuerpo principal, guardado en la Fortaleza de la Luz. El envío de este regalo ha significado, desde tiempos inmemorables, una era predestinada de unificación que se avecina y de poder en el país donde aparece. Todos los grandes unificadores y fundadores de las naciones lo han poseído. El Oriente está especialmente lleno de leyendas acerca de este regalo de Orión. Y los pueblos de Asia lo buscan por todas partes…”
(“Cartas de Helena Roerich”, 1935-1939).
Es importante añadir que este símbolo está asociado a la figura de Rigden Jyepo, el rey oculto de Shambhala, tanto así que muchos tibetanos tenían el signo de Chintamani grabado en sus anillos como protección del supremo líder del presunto reino espiritual. Aunque resulte un hecho inverosímil, según nuestras investigaciones Roerich habría recibido en uno de sus viajes por Asia Central un fragmento de esa misteriosa piedra de poder como prueba del mensaje de los Mahatmas. Una prueba destinada a impulsar una alianza internacional de naciones en pro de la cultura de la paz. Siempre según esta información, aquellos desconocidos mensajeros de Asia Central le habrían anunciado a los Roerich la Segunda Guerra Mundial y, por esa amenaza, sugirieron impulsar un pacto de protección del arte y el genio humano. Sea como haya sido, y más allá del temprano interés que Nicholas Roerich ya había mostrado por la cultura en su país, lo cierto es que el Pacto Roerich tiene, también, estos innegables orígenes místicos. Y el “encargo” terminó fructificando: los actuales protocolos de protección cultural que emplea la UNESCO se basan en el Pacto Roerich. UNESCO recibió los documentos del Pacto en 1950, en Nueva York. Y cuatro años después, conjuntamente con la ONU en el marco de la Conferencia de la Haya, se aceptó su propuesta. Roerich, por su enorme labor, fue nombrado miembro de número y miembro honorífico de más de cien organizaciones académicas, corporaciones científicas, centros de educación y prestigiosas instituciones culturales. Por su enorme contribución a la cultura de la paz fue nominado al Premio Nobel de la Paz en tres ocasiones. El 13 de diciembre de 1947, muere en la India, a la edad de setenta y tres años.
